13 jun. 2007

Dejen de ayudar al tercer mundo

Entrevista del Der Spiegel a un joven economista keniata, James Shikwati, acerca de la ayuda al Tercer Mundo:

SPIEGEL: Mr. Shikwati, el encuentro del G8 en Gleneagles versará sobre la ayuda para el desarrollo en África.

Shikwati: ... Por el amor de Dios, detened eso.

SPIEGEL: ¿Detenerlo? Las ricas naciones occidentales quieren eliminar el hambre y la pobreza.

Shikwati: Semejantes pretensiones han perjudicado nuestro continente durante los últimos 40 años. Si las naciones occidentales realmente quieren ayudar a los africos, deberían terminar con esas horribles ayudas. Los países que más ayudas han recibido son también los que están en una situación más lamentable. A pesar de los miles de millones que se han arrojado sobre África, el continente permanece en la pobreza.

SPIEGEL: ¿Tiene una explicación para tal paradoja?

Shikwati: Las enormes burocracia son financiadas a través del dinero en ayudas para el desarrollo, con lo que se promueve la corrupción y la autocomplaciencia, a los africanos se les enseña a ser mendigos, no a ser independientes. Además, la ayuda de los países desarrollados debilita todos los mercados locales y socava el espíritu empresarial que tan desesperadamente necesitamos. Es tan absurdo como suena: la ayuda al desarrollo es una de las razones que explican los problemas de África. Si Occidente cancelara las transferencias, los africanos de a pie ni siquiera se darían cuenta. Sólo los funcionarios y burócratas lo lamentarían. De ahí que sean ellos mismos quienes sostengan que el mundo dejaría de girar sin la ayuda a África.

SPIEGEL: Incluso en un país como Kenya, hay gente que muere de hambre cada caño. Alguien los tendrá que ayudar.

Shikwati: Sí, pero tienen que ser los propios keniatas quienes ayuden a esa gente. Cuando hay una sequía en una región de Kenya, nuestros políticos corruptos deliberadamente claman por más ayuda. Esta petición llega al Programa de Alimentos de la ONU -una agencia repleta de apparatchicks que se encuentran en la absurda situación de, por un lado, dedicarse a luchar contra el hambre mientras que, por otro, confrontarían el desempleo allí donde el hambre fuera finalmente eliminado- Naturalmente ellos aceptarán tramitar esta petición de ampliar la ayuda. Incluso suele ser frecuente que pidan más dinero del que los gobiernos originariamente solicitaron. Entonces remiten esta petición a la sede central y, poco después, miles de toneladas de cereales son remitidas a África.

SPIEGEL: ...cereales que proceden sobre todo de los grandes subsidios europeos y americanos a sus granjeros.

Shikwati: ... y al mismo tiempo, los cereales van a parar al puerto de Mombasa. Una porción de los cereales va directamente a las manos de políticos sin escrúpulos que luego lo entregan a sus clientes políticos para impulsar su próxima campaña electoral. Otra porción del envío va a parar al mercado negro donde el mercado se vende a precios extremadamente bajos. Los granjeros locales tienen que dejar de usar sus azadas; nadie puede competir con el Programa de Alimentos de la ONU. Y precisamente porque los granjeros se hunden ante esta presión, Kenya no tendrá reservas para confrontar una futurible hambruna el año próximo. Es un ciclo simple pero fatal.

SPIEGEL: Pero si el Programa de Alimentos no hiciera nada, la gente moriría de hambre.

Shikwati: Lo dudo mucho. En un caso así, los keniatas, para variar, estarían forzados a iniciar relaciones comerciales con Uganda o Tanzania y comprar allí su comida. Este tipo de comercio es vital para África. Nos forzaría a mejorar nuestras propias infraestructuras, mientras que haríamos nuestras fronteras -trazadas por los europeos, no lo olvidemos- más permeables. Nos serviría también para fomentar leyes que favorecieran el libre mercado.

SPIEGEL: ¿Será África capaz de solucionar todos estos problemas por sí sola?

Shikwati: Por supuesto. El hambre no debería ser un problema para la gran mayoría de países subsaharianos. Es más, hay una gran cantidad de recursos naturales: petróleo, oro, diamantes. África siempre ha sido representada como el continente del sufrimiento, pero la mayor parte de las cifras exageran la realidad. En las naciones ricas, prevalece la idea de que África se hundiría sin la ayuda al desarrollo. Pero créame, África existió antes de que los europeos la descubrieran. Y tampoco lo hacíamos tan mal.

SPIEGEL: Pero el SIDA no existía en aquellos momentos.

Shikwati: Si uno se creyera todos los informes catastrofistas, entonces todos los keniatas deberían haber muerto ya. Pero ahora, se están llevando a cabo pruebas en todas partes, y se demuestra que las cifras estaban muy infladas. No hay tres millones de keniatas infectados. De repente, sólo hay un millón. La malaria es un problema tan o más importantes, pero la gente pocas veces habla sobre ella.

SPIEGEL: ¿Y por qué?

Shikwati: El SIDA es un gran negocio, quizá uno de los mayores de África. No hay nada que puede generar tanta ayuda al desarrollo como las impactantes cifras de seropositivos. Aqui el SIDA es una enfermedad política, y deberíamos ser bastante escépticos.

SPIEGEL: Los americanos y los europeos han congelado los fondos que previamente habían prometido a Kenya. El país es demasiado corrupto, dicen.

Shikwati: Me temo, sin embargo, que el dinero seguirá siendo transferido. Al fin y al cabo, tiene que destinarse a algún lado. Por desgracia la devastadora necesidad de los europeos por hacer el bien no puede ser rebatida racionalmente. En cualquier caso, no tiene sentido que poco después de que el gobierno keniata fuera elegido -un cambio de liderazgo que terminó con la dictadura de Daniel arap Mois- los grifos se abrieran repentinamente y se introdujeran en el país grandes sumas de dinero.

SPIEGEL: Con todo, esa ayuda normalmente se destina a objetivos específicos.

Shikwati: Eso no cambia nada. Los millones de dólares destinados a luchar contra el SIDA aún están guardados en los depósitos bancarios de Kenya sin haber sido empleados. Nuestros políticos se sintieron "abrumados" con el dinero, y decidieron desviar tanto como pudieron. El último tirano de la República Centroafricana, Jean Bedel Bokassa, lo resumió cínicamente diciendo: "El gobierno francés lo pago todo en nuestro país. Pedimos dinero a los frances. Lo obtenemos, y luego lo gastamos.

SPIEGEL: En Occidente, hay muchos ciudadanos compasivos que desean ayudar a África. Cada año donan dinero y envían sus ropas viejas.

Shikwati: ...e inundan nuestros mercados con esas cosas. Nosotros podemos comprar las ropas donadas más baratas en los denominados mercados Mitumba. Hay alemanes que se gastan unos pocos dólares para obtener jerseys usados del Bayer de Munich o del Werden Bremen; en otras palabras, compran la ropa que otros alemanes enviaron a África por una buena causa. Después de comprar los jerseys, los subastan en Ebay o los vuelven a enviar a África -con su precio triplicado. Es una locura.

SPIEGEL: ... y por fortuna una excepción.

Shikwati: ¿Por qué recibimos montañas de ropa? Nadie pasa frío aquí. En cambio, nuestros sastres abandonan su estilo de vida. Están en la misma situación que nuestros granjeros. Nadie en el mundo africano de los salarios bajos puede ser suficientemente eficiente en costes para competir con productos regalados. En 1997, 137000 trabajadores estaban empleados en la industria textil de Nigeria. En 2003, esa cifra había caído a 57000 personas. Los resultados son los mismos en todas las otras áreas donde la predominante caridad y la fragilidad africana colisionan.

SPIEGEL: Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania sólo se sostuvo porque los americanos enviaron su dinero a través del Plan Marshall. ¿No implica ello un triunfo de la ayuda al desarrollo?

Shikwati: En el caso de Alemania, sólo tenía que ser reparada la infraestructura destruida. A pesar de la crisis económica de la República de Weimar, Alemania está muy industrializada antes de la guerra. Los daños causados por el tsunami en Tailandia también pueden ser reparados con un poco de dinero y mano de obra proveniente de la caridad. África, sin embargo, tiene que dar los primeros pasos hacia la modernidad por sí misma. Tiene que producirse un cambio de mentalidad. Debemos dejar de vernos a nosotros mismos como unos pedigüeños. Estos días, los africanos se ven a sí mismos como víctimas. En cambio, nadie puede imaginarse a un africano como empresario. Para cambiar la situación actual, sería de gran ayuda que las ONGs se retiraran.

SPIEGEL: Si lo hicieran muchos trabajos se perderían inmediatamente.

Shikwati: ...trabajos que fueron creados artificialmente y que distorsionan la realidad. Los trabajos de las ONGs son, por supuesto, bastante populares, y pueden llegar a ser muy selectivos a la hora de escoger a la mejor gente. Cuando las ONGs necesitan a un conductor, docenas de personas solicitan el trabajo. Y precisamente porque resulta inaceptable que el chófer del trabajador hable solamente su lengua tribal, necesitan otro trabajador que habla inglés de manera fluida -y, por qué no, otro que sea educado. Así, tienes a un bioquímico africano haciendo de chófer para un miembro de una ONG, encargado de distribuir comida y forzar a los granjeros locales a abandonar sus trabajos. Es simplemente demencial.

SPIEGEL: El gobierno alemán se enorgullece precisamente por controlar a los receptores de sus fondos.

Shikwati: ¿Y cuál es el resultado? Un desastre. El gobierno alemán regalándole el dinero al presidente de Ruanda Paul Kagame. Una persona que tiene en su haber el asesinato de un millón de personas -personas que su ejercito mató en el país vecino el Congo.

SPIEGEL: ¿Qué se supone que deberían hacer los alemanes?

Shikwati: Si realmente quieren combatir la pobreza, deberían paralizar completamente la ayuda al Tercer Mundo en África y darle una oportunidad para que consiga su propia supervivencia. De momento, África es como un bebe que inmediatamente llora para que acuda su niñera cuando algo va mal. África debería sustentarse sobre sus propios pies.